AfterPunk: El escenario también es un ring

316bUno. Podría haber sido algo más que una persona común, algo más que lo que soy. Podría haber chocado mis puños contra otros músculos, contra otros cartílagos, contra otros huesos; contra caras, cuerpos, bocas, aullidos; contra otros puños. Podría haber enfrentado a un rival, —o a mi sombra—, hasta hacerlo caer, hasta pulverizarlo, hasta que no se pudiera levantar después de la cuenta de protección y entonces erigirme como vencedor, como campeón, como un natural born killer del cuadrilátero. Sí, podría haber sido boxeador, pero me decanté por la escritura. Me decanté por cifrar el lenguaje para hacerlo descifrable. 

yo1Dos. Es probable que como boxeador habría sido incapaz de ganar ningún asalto. Con toda seguridad la lona se hubiera convertido en casi mi segundo hogar; y es que tengo una tendencia natural al suicidio. Una tendencia a convertirme en kamikaze, a darme de bruces por nada, y por todo. No habría peleado para ganar, sino para perder.  Tal vez me hubiera convertido en un temible contrincante: si alguien no tiene miedo de ser vencido, noqueado, derrotado, debe ser incomprensible, un loco, un demente, un invisible. Y nadie puede golpear a un ente invisible. Es casi imposible descifrar un lenguaje extraño; descifrar es vencer, pero no se puede vencer lo que no se puede derrotar; lo que no se puede percibir.

Tres. Sé que subirme al escenario no es lo mismo que pisar un ring, pero en el Poetry Slam aprendí que uno puede pensarse y sentirse como pugilista. ¿Por qué? Bien a bien no lo sé, pero puede concebirse de tal forma que suelte jabs como demostración de que sí, lucha contra otro. O contra sí mismo.

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Cuatro. Tiene bastante tiempo que no me paro a espokenwordear, a ladrar, a decir, a contar, a hablar a través de las palabras. Hace unas semanas di una charla en una universidad y hablé sobre el proceso escritural, hable desde dónde se escribe, nunca dije por qué se escribe. Tuve un auditorio cautivo con preguntas de todo tipo. Pero durante esa charla no me expuse ni un poco, no me arriesgué, y por lo tanto no me rendí. Sé que explicar el proceso escritural es más complejo que presentar una pieza; también sé que una charla no tiene que funcionar para exponerse como tal; presentar una pieza, en cambio, debe contar con la cualidad de ser atendida por el espectador. El espectador no es un público, es un contrincante más.

Cinco. Y tal vez hubiese sido mejor quedarme en el retiro, y no dejarme seducir por volver al cuadrilátero. Soy ese viejo boxeador al que algún avieso promotor convence de calzarse botas y guantes una vez más. Sin entrenamiento, demacrado, derrotado, viviendo de viejos recuerdos, acepto (sin pensar en las consecuencias).

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Seis. Recuerdo unos versos que leí una vez no sé dónde de quién sabe quién: “Hace mucho tiempo yo solía vivir aquí”. Los recuerdo ahora porque hace mucho tiempo yo solía vivir aquí, —no en Ciudad Terremoto—, sino aquí: en un escenario, ante los escuchas. Y me era imprescindible presentarme de ese modo, como un juglar, como un parlanchín melódico que dictaba palabras. Palabracayendo, palabralzándome, palabradiciendo, palabraseraplaudido.  

Siete. (En el fondo, espero noquear a mi sombra y bajar el cuadrilátero pensando en la siguiente pelea.)

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La cocinera

El único lugar donde me siento seguro es dentro de ti, le dijo. La abrazaba por detrás, ajustándose a sus formas, mientras la besaba por el cuello. Así que durante la cena, y después de haber pasado horas destazándolo, congelando los pedazos y cocinando con especias varias 300 gramos de su carne, sonreía. Sonreía porque por fin de algo le había servido la carrera en Gastronomía que con tanto esfuerzo le había pagado su padre.

AfterPunk: Escribir un libro sobre la derrota

palabrasConversación por guásap.

Yo: qué semblante tenía?

Lu: Muy triste. Los ojos ahogados. Fuera de ti o hundido en ti.

Lu: Por qué?

Lu: Fue cuando te sentaste junto a Alicia y era como si todo estuviera perdido, estabas rendido.

Ojalá fuera un superhéroe, que con solo enfundarme en mallas pudiera salvar a la humanidad, pero estoy más cerca de la antítesis; me parezco más a la figura del supervillano, soy el supervillano de mi propia vida. Y eso no es poco. Si uno es su propio villano, no habrá poder sobre la Tierra que lo salve.

Quizá nunca he querido ser salvado y por eso escribo. Lo sospecho ahora. 

¿Cuál es el sentido de escribir, de escribir un libro? No puedo responder por todos los que escriben un texto, un texto que se hará público y podrá ser encontrado en librerías y bibliotecas, en la red, respondo a título personal. Escribo para el otro, para ser leído, descifrado. Supongo que para decirle al otro, por medio de construcciones verbales, lo que veo en este mundo. Supongo que si ese otro no atiende a mi relato, habré fracasado, habré sido vencido. Supongo que si ese otro ignora mi relato, todas mis fuerzas habrán chocado contra un muro. Supongo entonces que escribo pensando en que lo que busco es imposible: acercarme al otro, encontrarme con el otro. 

Para eso escribo: para fracasar. Los supervillanos en realidad no quieren triunfar sobre la realidad, quieren que esta fracase; que sea aniquilada, subvertida, deshecha. Cada que escribo mi sombra me golpea hasta derribarme; a veces la cuenta de protección me salva, pero a veces soy noqueado. Por eso el comienzo de este post, la conversación por guásap que tuve al día siguiente de la presentación de Perturbaciones sintácticas, tiene toda la razón: Fue cuando te sentaste junto a Alicia y era como si todo estuviera perdido, estabas rendido.

Uno se rinde de diversas formas, yo me rendí escribiendo un libro.

 

  

  

 

AfterPunk: insomnio

Pensándolo bien el insomnio se parece a la eternidad, si dormir es morir, es estar muerto, no dormir es lo contrario.

He perdido la cuenta de los días que no he dormido o he dormido nada o poco. Maldormir no cuenta, porque al menos se duerme. Una noche de insomnio da para pensar en muchas pendejadas o en todas las posibles. Este día me he salido de la cama a las 9 horas para redactar este AfterPunk. Apenas empieza el día y ya cuento con algunos odios en mi haber.

Odié la ceremonia cívica que se llevó a cabo a las 7 de la mañana en una escuela que supongo queda cerca. Escuchar el himno, y la órdenes del maestro de ceremonias, me pareció una conjura en contra de los vecinos y de la humanidad. A mí casi me daba igual, ni dormido estaba, si no fuera porque detesto los himnos y las banderas. 

En el insomnio me pareció bella la noche, me hubiera gustado que se quedara conmigo para siempre, pero tuvo que amanecer. La noche me parece más justa, más honesta y, por supuesto, hermosa. Pero amanece y yo tengo que salir al mundo a decir cosas que no quiero, a hacer cosas que no quiero y a convivir con gente que francamente podría evitar por el resto de mis días.

En el insomnio también me pregunté dónde estaba Tyler Durden para romperme la cara, para hacerme añicos con la certeza de su existencia. Pero el señor Durden no apareció y por eso puedo escribir esto. Porque eso es lo único que puedo hacer mientras no duermo: escribir. Y escribir me dota de inmortalidad, aunque no pretendo ser eterno. Entonces me pregunto si esa larga sombra del no sueño no es sino un temor irascible a la muerte. Al menos si estuviera en el De eFe tendría el pretexto de no querer morir aplastado mientras sueño, pero en este semidesierto ni eso.   

Solo espero que un día no tenga que destruir el mundo para salvar a Marla y para recobrar la cordura.

¿Qué esperas señor Durden para acabar conmigo? Soy un pésimo paciente de este maldito manicomio.

Perturbaciones sintácticas

La última vez que asistí a la presentación de un libro, hace unos días, apenas y pude estar sentado entre el auditorio alrededor de 10 minutos. También soy incapaz de quedarme en una grada a admirar un encuentro futbolero. Soy un fracaso como asistente a cualquier evento público. Los conciertos me salvan un poco; mientras esté de pie, moviéndome, aventándome, bailando. Temo estar del otro lado: presentando, por ejemplo, mi siguiente libro. Así que no sé cómo decirles que asistan este viernes al 9 Vidas Cofee Art, donde presentaremos Perturbaciones sintácticas, poemario editado por Mejorana y La Cecilia. ¿Argumentos? Tengo algunos.

Es un libro corto, de 20 poemas que en su conjunto no rebasarán las 20 cuartillas, de cuartilla promedio por texto. Así que lo pueden leer en media sentada; luego podrán releerlo si quieren. 

Me costó tiempo y trabajo escribirlo, el hecho de que en los últimos años me haya alejado de la poesía me tenía y tiene oxidado. Pueden juzgarme tranquilamente y aventar jitomates imaginarios.

 Ambas editoriales, Mejorana y La Cecilia, se alejan de lo convencional y construyen objetos que se presentan como libros, eso tiene un plus.

Espero no volver a caer en la tentación de escribir poesía, aunque uno siempre recurre a ella, no sé si para salvarse o para hundirse. 

Los textos de Perturbaciones sintácticas batallan contra el lenguaje, contra la palabra, y al mismo tiempo están inmersos en la lengua.     

Y bueno, en breve estará la invitación al evento en Facebook, que parece es donde sucede toda la vida.

Les dejo acá dos textos que están incluidos en el libro.

 

La palabra

la palabra palabra

es un artefacto lingüístico

la palabra árbol

no está compuesta de madera ni hojas

la palabra mar

no moja ni ahoga ni inunda

de hecho la palabra fuego

sería incapaz de causar incendios

sin embargo los nombres

los nombres de las personas

son capaces de sacudir al escucha

la palabra, —nombre—, Sarah

siempre (me) causa terremotos.

 

Yo soy un hablante

supongo que el nombre de las palabras

fue creado por el primer hablante

que emitió en la cueva sonido, gruñido, grito, gemido

supongo que el primer escucha entendió el mensaje

entendió que el sonido, —el ruido—,

hacía referencia al trueno

el primer escucha debió de haber repetido el estallido

con el mismo ritmo y la misma prosodia

el primer escucha se transformó en el segundo hablante

luego los hablantes se multiplicaron

como se multiplican las olas

multiplicaron los truenos

el cielo, la lluvia, las historias

yo hago referencia a ese primer hablante

de alguna forma

todos somos el primer hablante

por eso lo sé

cada que digo Sarah

quiero decir trueno.

 

Dejo de acompañamiento el soundtrack del día.

Sueño un par de líneas

He escrito estas líneas en un sueño

O se las he arrancado a ese sueño

Y apenas despierto

Abro el ordenador

Comienzo:

Para que de una vez

Una calle se instituya en un huerto.

En el sueño tomo nota

Con mi indescifrable caligrafía

Leo

Antes de la tercera línea

Desde afuera del sueño

Un rumor de máquina asesina

Me trae de vuelta a la vigilia

Junto a la casa un trascabo hunde su cuchara

Un par de pájaros grita

El perro vecino ladra y se sacude

El trascabo coge una tonelada de tierra

Reacciono y abro los ojos

Es la primera vez que me sueño escribiendo

Que veo el ejercicio de la escritura

De mi propia escritura

En un sueño

Llamo a Sarah para contarle el relato

Y para que de una vez

Una calle se instituya en un huerto.