Caja negra que se llame como a mí: La poesía según Rorschach

caja

LA POESÍA SEGÚN RORSCHACH

Si nunca les han aplicado el test de Rorschach deberían autoaplicárselo, solamente para ver qué descubren de sí mismos, si es que pueden interpretar los resultados o bien, por pura curiosidad. Si no lo van a hacer, les queda una opción más: leer el libro de Diana Garza Islas (Santiago, Nuevo León, 1985), titulado Caja negra que se llame como a mí (2015), publicado por Bonobos, y que hace las veces, según mi lectura, de experimentaciones rorschacharianas con el lenguaje para confrontar al lector que se osa acercarse a la poesía.

SILENCIO ERA UNA NIÑA Y SU CABEZA IMAGINARIA

Hay miles o millones de maneras de acercarse a la poesía, digamos que cada lector crea un método. Una manera que perfecciona mientras se hunde en el fango del lenguaje poético. Su lectura resulta entonces una suerte de trascabo que arrea una y otra vez sonidos, significados, sintagmas, para darle forma a aquello que el poeta ha hundido en medio de todo ese colmenar de signos; signos de los que a veces, el lector, –después de un arduo quehacer de rompecódigos–, logra arrancar un atisbo de entendimiento.

Aunque quién sabe si lo ‘entendido’ es lo que el poeta en realidad ha cifrado.

Sucede que con Diana, con sus cajas, uno no sabe si acercarse o pasar de largo. Desde el título se advierte que lo encajuelado no es ni anecdótico ni pasajero, de hecho, que el nombre del poemario violente un poco la estructura oracional del español, al menos en su sentido lógico (¿cómo-a-mí-qué?), hace que se sucumba a la desconfianza o incertidumbre.

Nada tan real como la desconfianza e incertidumbre cuando nos enfrentamos a la poesía. ¿Cómo saber lo que dice un verso, una estrofa, el poema entero? ¿Cómo saber si es un poema? Hay preguntas que nadie debería de hacerse al abrir un poemario, porque las respuestas podrían resultar complejas o inútiles. O porque bien, la poesía no responde a nada, ni cuenta, ni describe: la poesía versa. Porque se encuentra encaramada en una dimensión distinta del lenguaje común (el normalizado o normativizado).

ÚNICA MUESTRA DE ESTO FUE LA VOZ
TAN DELICADAMENTE VESTIDA DE TORONJA

El lenguaje como materia, como algo tangible, es una sustancia sonora. Ruido. Que el hablante dota de significado. Una cadena de fonos, luego convertidos por convención en fonemas, que se edifican hasta establecerse como un código. Un código con normas, reglas, un canon funcional que todo usuario del sistema puede y debe comprender. Lo sonidos de una lengua, gracias al lenguaje escrito, pueden ser ‘observados’. Cualquier hablante no solo observa sino que innova, inventa, recrea, destruye y reconstruye, la lengua; la lengua oral, porque el lenguaje escrito es por naturaleza más conservador. En el discurso de Diana la lengua escrita es, quizá, deconstruida. Es decir que sus textos ofrecen al lector diversas posibilidades de lectura e interpretación en planos lingüísticos, filosóficos, poéticos, sonoros e incluso emocionales, se encuentran más allá de lo que se ha cifrado.

Diana Garza Islas cifra manchas, una precuela del lenguaje o el lenguaje privado que tanto retumba en nuestras cabezas antes de conocer el mundo. Sus poemas, la presentación de ellos, dan la impresión de establecerse dentro de lo aleatorio, un random que es lanzado hacia la pista para que quien los baile descifre los pasos precisos del significado.

PACK, PACK: TELEDIRIGIR, LA RISA
DESDE UNA SILLA DE RUEDAS:

El significado no es tal, puede ser cualquiera. El lector se encuentra ante sí o ante el otro, depende. Depende de su experiencia lectora, de su experiencia como hablante, –de referencias privadas o públicas–. Depende de ello para encontrar la llave que abra, o no, las cajas. Y es que de por sí para leer poesía se requiere de una combinación, y más con Diana, una combinación que probablemente, lo admito, ni siquiera he encontrado.

O es que no me atrevo a decir alguna cosa real sobre la caja, porque temo delatarme. Por eso en el título de esta reseña llamo a Rorschach. Hay palabras que son otras palabras, o que todavía no lo son. Palabras que cuando se descifran tienen una voz de algo y que significan dedos, día, diálogo, duelo, y que Diana, en la parte final del libro, nos ofrece, glosariamente, un ejemplo de lo experimentado, o dicho, o sugerido, para que al lector le sea más sencillo leer el diálogo. ¿Más sencillo?, dije. El placer de leer las cajas es que nada es realmente como es o como se presenta.

Lo que es seguro es que si el lector se acerca a las cajas de Diana no puede esperar una poesía barata, sino un texto al que hay que arrancarle a fuerza de mordidas, algo. Aunque no podría precisar a qué me refiero con ‘algo’. Tal vez un balbuceo, un sonido, grafía. Quizá es que la poeta ha decidido diagnosticarnos con este rubik lingüístico. Y nosotros, todavía, ilusos lectores, pensamos que hay una figura en los sonidos. Pensamos que ella nos ofrece todo pasivamente. Cuando lo que tiene, este texto, es que nos exige a rabiar, que encontremos su significado.

GARZA ISLAS, DIANA. (2015). CAJA NEGRA QUE SE LLAME COMO A MÍ. MÉXICO: BONOBOS/UANL.

 

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Un comentario en “Caja negra que se llame como a mí: La poesía según Rorschach

  1. Gonzalo dijo:

    Este libro me llegó por rebote, por medio de un conocido, me lo recomendó, pero no me gustó, las imágenes poéticas dejan mucho que desear. Un libro pretencioso y busca ser muy experimental pero cae en lo burdo, en lo infantil. Poesía barata.

    Me gusta

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